Por Juan José Beteta*
En 1993 Steven Spielberg estrenó Jurassic Park, la primera película de una saga que puso a los dinosaurios en pantalla gracias a espectaculares efectos especiales que atrajeron millones a las salas de cine. Sin embargo, aquí en Latinoamérica también teníamos nuestros “dinosaurios” y con la ventaja de que no son clonados, sino auténticos. Se trata del cine cubano, para muchos una antigualla que se repite año a año, el cual –sin embargo– también tiene una tendencia a llenar salas, pese (o, quizás, gracias) a un manejo más que notable de los formatos de género tradicionales. Muy tradicionales para el gusto de una crítica que pide justamente ese contacto con el público, pero que tiende a ignorar o condenar toda alusión a la experiencia histórica en el cine. Es por ello que ha llegado la hora de prestar más atención a esta cinematografía y revalorizarla, sobre todo luego el éxito obtenido por El cuerno de la abundancia, de Juan Carlos Tabío, ganadora del Premio del Público.
Premio del público: El cuerno de la abundancia
Esta cinta tiene una estructura dramática notable en varios sentidos y sigue el esquema narrativo de la “búsqueda del tesoro”. Empieza con un narrador –mediante un raconto– que, al mismo tiempo, es el protagonista principal de lo que, por otra parte, es un filme coral. Bernardito nos introduce al tema de la presunta herencia de los Castiñeiras, dejada por unas monjas, allá por el siglo XVII. Aquí se plantea el primer conflicto, que es el convencer al viejo patriarca comunista de la localidad, Pipo, padre de Bernardito. Logrado este objetivo se pasa al segundo gran obstáculo: juntar a los Castiñeiras “con i”, junto a los Castiñeiras “con y”; que representan a dos grupos enfrentados dentro del pueblito cubano de Yaragüey. Luego de superado este segundo gran obstáculo se hacen los preparativos para la inscripción de los supuestos beneficiarios y finalmente viene el previsible desenlace; seguido por el reinicio del mismo ciclo inicial, con el que concluye el filme.
Esta tercera parte presenta, en paralelo, el desarrollo de un trío de desavenencias e infidelidades conyugales parcialmente cruzadas, cuyos antecedentes se presentaron en las dos primeras partes. Por tanto, esta tercera parte se subdivide en dos: 1) el viaje a La Habana de Bernardito y su amante Zobeida y 2) la llegada de la Comisión Nacional a Yaragüey, el matrimonio de Yurima, el desenlace de los tríos y el final del raconto. Sin embargo, estas subpartes consecutivas están amarradas a la línea narrativa central: la herencia. Ya que Bernardito acepta a Zobeida en parte porque sabe que la puede manipular para participar de la herencia y porque a raíz de la inscripción en La Habana es que ellos son descubiertos; mientras que el matrimonio de Yurima es parte del endeudamiento masivo de los Castiñeiras y oficia de ocasión para los citados desenlaces.
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Por Juan José Beteta*
Por Juan José Beteta*